"Cuando grabamos las canciones nunca pensamos que iban a pasar tantos años y que seguirían vigente", reflexiona la banda sobre el carácter atemporal de sus creaciones, cuyas letras continúan resonando en la cultura popular con la misma fuerza que en sus inicios. Flema no es solo una marca registrada del punk rock sudamericano; es el testimonio vivo de una filosofía de resistencia que ha sabido envejecer con dignidad sin perder un ápice de su esencia.
Pese al paso de las décadas y a las transformaciones de la cotidianeidad, la agrupación mantiene intacto su arraigo popular: continúan identificándose como gente de la clase trabajadora, asumiendo las responsabilidades familiares y vitales de la madurez, pero sosteniendo la misma filosofía que dio origen al grupo.
Independencia y honestidad sobre las tablas
Esa fidelidad a sus principios explica su posición histórica frente a la industria musical. El punk nunca formó parte del mainstream ni contó con el respaldo de grandes corporaciones discográficas. Aunque la era digital y las plataformas de streaming ofrecen hoy un canal directo que equilibra las posibilidades de difusión, la clave para trascender sigue residiendo en la fuerza de las canciones, el mensaje auténtico y el trabajo autogestionado sobre el escenario.
"Ser un Flema es parte de mi vida", sintetizan desde la formación, remarcando que el grupo jamás ha necesitado impostar posturas ni ideologías artificiales para convocar a su público, sosteniendo en cada presentación una entrega genuina basada en vivencias reales.
La memoria de Ricky Espinosa y el trabajo colectivo
El recuerdo de Ricardo "Ricky" Espinosa permanece como un pilar inamovible en la identidad de Flema. Los músicos enfatizan que su figura y su obra están siempre presentes, y que interpretar su repertorio representa un motivo de orgullo. Conscientes de que una banda es un proyecto colectivo integrado por cinco músicos, asumen con respeto el desafío de mantener viva esa historia sin pretender opacar el legado del icónico cantautor.
A lo largo de los años, los cambios de formación han sido comprendidos como un proceso natural dentro de la dinámica de cualquier grupo de larga trayectoria, agradeciendo el aporte de quienes formaron parte del camino y concentrando la energía en componer, grabar y salir a tocar. Asimismo, la evolución técnica en los estudios de grabación ha permitido enriquecer la producción sonora de sus producciones recientes, adaptando su lírica a problemáticas contemporáneas que no existían en los años 90, como el impacto de las redes sociales.
El vínculo afectivo con Tucumán
La relación de Flema con la escena tucumana destaca por una cercanía entrañable. En la provincia mantienen un lazo histórico de hermandad con Rolo Marín, referente de los Fucking Adictos y de La 448. Desde la banda señalan que, a diferencia de la sobreoferta de espectáculos que caracteriza a Buenos Aires, en las provincias del interior el público recibe a los artistas con una calidez y un afecto único que se valora profundamente en cada visita.
Ese intercambio apasionado ha propiciado un marcado fenómeno intergeneracional. Aunque algunos seguidores de la primera época que asistieron a sus históricos conciertos en Cemento puedan mirar con cierto recelo a las nuevas camadas, la banda celebra que la juventud los descubra a través de los medios digitales actuales. En sus presentaciones es habitual ver a tres generaciones compartiendo el mismo pogo, con espectadores de 50 años asistiendo junto a sus hijos y nietos en un clima de convivencia festiva.
Coordenadas de una velada imperdible
El esperado reencuentro en suelo tucumano promete ser una verdadera celebración del rock independiente, donde repasarán sus clásicos inoxidables y sus composiciones más recientes. La jornada se completará con la actuación de la banda invitada Barrio, prometiendo una apertura a la altura de la convocatoria.